Las pedagogías inclusivas e interculturales constituyen una de las perspectivas pedagógicas que orientan el enfoque humanista crítico-social de la Escuela Normal Superior María Auxiliadora. Su propósito es formar maestras capaces de comprender la diversidad como una condición inherente a la vida humana y una oportunidad para construir relaciones pedagógicas democráticas, equitativas y humanizantes. Desde este posicionamiento la educación integral implica el reconocimiento de la singularidad de cada persona, dialogar con la pluralidad de saberes y promover experiencias de aprendizaje donde todos puedan participar, aprender y contribuir al bien común. haciendo de la justicia curricular un principio que garantice el reconocimiento de la diversidad y el derecho de todos a aprender desde sus contextos y potencialidades.
La Escuela Normal asume que toda comunidad educativa es diversa. Cada estudiante llega con una historia, una cultura, unos ritmos de aprendizaje, capacidades y formas particulares de comprender el mundo. Esta pluralidad enriquece la vida escolar y desafía al maestro a diseñar experiencias pedagógicas y didácticas abiertas, flexibles y pertinentes.
En este marco, se comprende desde una visión amplia que reconoce la diversidad de todos los estudiantes y no únicamente de quienes presentan discapacidad o necesidades específicas de apoyo. Como lo plantea Mel Ainscow (2001), una escuela inclusiva aprende a vivir con las diferencias y, sobre todo, a aprender de ellas. Por ello, la institución promueve una cultura en la que las diferencias fortalecen los procesos de enseñanza, aprendizaje e investigación pedagógica. La flexibilización curricular, la eliminación de barreras para el aprendizaje y la participación, los apoyos pedagógicos, el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), los Planes Individuales de Ajustes Razonables (PIAR) y la evaluación formativa hacen posible que cada estudiante encuentre oportunidades reales para desarrollar sus capacidades, expresando una concepción de justicia curricular que amplía las oportunidades de aprendizaje sin homogeneizar a los sujetos.
La inclusión también exige cuestionar las relaciones de poder y las formas de exclusión que históricamente han atravesado la educación. En este horizonte, la Escuela Normal acoge la propuesta de Luis Enrique López (2009), quien concibe la interculturalidad transformativa como una orientación pedagógica y epistemológica que supera el reconocimiento superficial de las diferencias culturales. Más que promover la coexistencia entre culturas, busca transformar las relaciones, las prácticas pedagógicas y las estructuras que producen desigualdad, favoreciendo el encuentro entre personas, saberes, memorias, lenguajes y cosmovisiones desde el respeto, la dignidad y la participación de las comunidades.
Horizonte se fortalece con los aportes de Arturo Escobar (2025), quien invita a pensar la educación desde el pluriverso, reconociendo que existen múltiples maneras de comprender, habitar y cuidar la vida. Esta visión dialoga con el macroproyecto institucional “Somos una Escuela Laudato Si’: nuestra apuesta es el cuidado”, al reconocer el valor de los saberes construidos por las comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinas, populares y locales, en permanente diálogo con los conocimientos científicos, pedagógicos y tecnológicos.
En esta misma línea, Canagarajah (2005) plantea que todo conocimiento tiene un origen situado y que muchos de los saberes hoy considerados universales surgieron, inicialmente, en contextos locales. En coherencia con ello, la Escuela Normal reconoce los saberes construidos por las comunidades y los territorios como fuentes legítimas de conocimiento, promoviendo un diálogo permanente entre los saberes académicos, pedagógicos, ancestrales y comunitarios. Esta apuesta fortalece una auténtica ecología de saberes, donde las distintas formas de conocimiento se enriquecen mutuamente sin establecer jerarquías que invisibilicen otras maneras de comprender la realidad. De esta manera, la justicia curricular también se expresa en un currículo que legitima la diversidad de saberes y amplía las voces que participan en la construcción del conocimiento.
Así mismo, la institución acoge la noción de ontologías relacionales propuesta por Escobar, según la cual las personas, la naturaleza, la cultura y el territorio conforman una misma trama de relaciones. Esta comprensión orienta prácticas pedagógicas comprometidas con el cuidado de la vida, la sostenibilidad, la defensa del territorio y la formación de una ciudadanía responsable con las generaciones presentes y futuras.
Las pedagogías inclusivas e interculturales encuentran plena coherencia con el Sistema Preventivo de Don Bosco. La razón, la espiritualidad y la amorevolezza orientan la construcción de ambientes donde cada estudiante se siente acogido, valorado y acompañado en su proceso de crecimiento. De esta manera, la Pedagogía del Encuentro es una expresión cotidiana de la identidad institucional, haciendo del cuidado, la escucha, la confianza y el diálogo los fundamentos esenciales para construir comunidades educativas donde la diversidad se reconoce como una riqueza y no como motivo de exclusión.