Los valores institucionales constituyen el eje articulador del Proyecto Educativo Institucional y orientan la acción pedagógica, pastoral y comunitaria de la Escuela Normal María Auxiliadora. Su importancia radica en que hacen posible una educación humanizadora que integra el desarrollo cognitivo, socioemocional, ético, espiritual y ciudadano, en coherencia con la misión formadora de la institución.
En este sentido, los valores:
La trascendencia de estos valores radica en que no fueron impuestos de manera unilateral, sino que surgieron de una sólida construcción colectiva que involucró activamente a directivos, docentes, estudiantes, egresados y padres de familia. Este proceso participativo y dialógico permitió sintonizar la identidad salesiana de la institución con las realidades y necesidades del contexto local. Al nacer del consenso y del sentir común, estos principios adquieren una legitimidad indiscutible, transformando el PEI en un compromiso vivo donde cada miembro de la comunidad se reconoce como coautor y garante de una cultura escolar basada en la ética, el respeto y la transformación social desde el aula.
El Amor: Constituye el principio fundante de toda acción educativa y la expresión más plena del carisma salesiano. Más que un sentimiento, representa una actitud pedagógica que reconoce en cada persona una dignidad inalienable como hija de Dios, promoviendo relaciones basadas en la acogida, la cercanía, el respeto y la confianza. Sustentado en el pilar de la Amorevolezza del Sistema Preventivo, se concreta en la presencia educativa, el acompañamiento oportuno y el testimonio cotidiano del educador, quien genera ambientes seguros donde cada estudiante se sabe valorado, escuchado y capaz de desarrollar plenamente sus potencialidades. Siguiendo la convicción de San Juan Bosco de que “no basta amar a los jóvenes; es necesario que ellos se sientan amados”, este valor favorece vínculos educativos que humanizan, fortalecen el proyecto de vida y hacen posible una educación transformadora.
Solidaridad: Se entiende como la capacidad de reconocer al otro como hermano, estableciendo relaciones de empatía, cooperación, corresponsabilidad y servicio orientadas al bien común. Inspirada en el ideal salesiano de formar “buenos cristianos y honestos ciudadanos”, supera una visión asistencialista para convertirse en una práctica permanente de compromiso con la justicia, la inclusión y la dignificación de la persona. Desde la formación normalista, este valor impulsa a los futuros maestros a comprender la educación como un acto de transformación social, capaz de responder ética y pedagógicamente a las necesidades de las comunidades, especialmente de aquellas que enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad.
Alegría: Sentimiento de gozo que brota de la apertura al bien, de acoger la vida como don. En clave Salesiana va más allá de un estado de ánimo, se convierte en una opción que se expresa en palabras y acciones. Representa una actitud vital que nace de la confianza en Dios, del reconocimiento del bien y del compromiso con la vida. En la tradición salesiana constituye un principio pedagógico que dinamiza el aprendizaje, fortalece la convivencia y favorece el desarrollo integral. Se expresa mediante ambientes educativos caracterizados por la creatividad, la participación, el juego, el arte, el clima de fiesta y donde la disciplina se construye desde la motivación interior y el sentido de pertenencia. La alegría configura una cultura institucional en la que aprender, convivir y servir se experimentan como oportunidades de crecimiento personal y comunitario.
Respeto: Capacidad de reconocer y valorar incondicionalmente la dignidad de la propia persona y la de los demás. Se manifiesta en el trato justo, la valoración de la diversidad, el cuidado de sí mismo, de los demás y del entorno. Fundamentado en el principio de la Razón del Sistema Preventivo, promueve relaciones basadas en el diálogo, la escucha activa, la comprensión y la resolución pacífica de los conflictos. Este valor favorece ambientes de aprendizaje seguros e inclusivos, donde el error se comprende como oportunidad formativa y cada integrante de la comunidad participa desde el reconocimiento mutuo y la corresponsabilidad.
Honestidad: Cualidad humana que expresa adhesión a la verdad, la rectitud y la justicia. Se expresa en la coherencia entre las palabras, las acciones y el sentido ético en todos los ámbitos de la vida. Constituye la expresión de una vida coherente con la verdad, la justicia y la transparencia. Se evidencia en la correspondencia entre el pensamiento, la palabra y la acción, fortaleciendo la confianza y la credibilidad en todos los ámbitos de la vida institucional. La pedagogía salesiana contempla este valor como meta de la educación y lo promueve mediante la formación de la conciencia, el ejercicio responsable de la libertad y la confianza depositada en cada estudiante, favoreciendo la construcción de profesionales íntegros que actúan con ética, responsabilidad y compromiso social.
Fe: Es la apertura a la trascendencia que orienta el proyecto de vida desde los valores del Evangelio y la experiencia personal del encuentro con Jesucristo. Constituye el fundamento espiritual de la propuesta educativa salesiana y permea todas las dimensiones del proceso formativo, promoviendo una espiritualidad encarnada en la vida cotidiana, el servicio, la fraternidad y el compromiso con la construcción del Reino de Dios. Desde esta perspectiva, la fe alimenta la esperanza pedagógica que reconoce en cada persona un potencial de crecimiento y transformación, fortaleciendo la vocación educativa como camino de servicio y esperanza.
Creatividad: Se comprende como la capacidad de generar respuestas innovadoras, pertinentes y contextualizadas frente a los desafíos educativos y sociales. Vinculada al principio de la Razón, favorece el pensamiento crítico, la investigación, la innovación pedagógica y la resolución de problemas desde enfoques flexibles e inclusivos. En la Escuela Normal Superior María Auxiliadora, la creatividad constituye una competencia esencial para diseñar experiencias significativas de aprendizaje, capaces de responder a la diversidad y a las realidades cambiantes de los contextos educativos.
Pertenencia: Sentimiento de vinculación afectiva a una realidad que conduce a un compromiso efectivo para construirla y hacerla crecer. Se manifiesta como el vínculo afectivo e identitario que fortalece el compromiso con la misión institucional, el patrimonio cultural y el proyecto educativo compartido. Inspirada en la experiencia salesiana de la escuela entendida como “casa que acoge” fomenta la corresponsabilidad, el cuidado mutuo y la participación activa de todos los miembros de la comunidad educativa. Este valor fortalece la identidad normalista, favoreciendo la construcción de una cultura institucional basada en el sentido de comunidad, la mejora continua y el compromiso con la excelencia educativa.
Liderazgo: Capacidad para motivar, inspirar, gestionar y acompañar a un colectivo en el logro de sus objetivos, bajo la premisa de que todo maestro es un líder que asume su compromiso con la transformación social; Se concibe como la capacidad de inspirar, movilizar y acompañar procesos de transformación desde el servicio, la ética y el testimonio. En coherencia con la espiritualidad salesiana, promueve un liderazgo participativo que privilegia el diálogo, la cercanía y la construcción colectiva del bien común. La formación de maestras líderes implica desarrollar competencias para gestionar proyectos educativos, promover la participación democrática, fortalecer la inclusión y responder con compromiso a las necesidades del contexto social y educativo.
Responsabilidad: Consiste en asumir con autonomía, compromiso y sentido ético las decisiones y acciones que contribuyen al bien propio y colectivo. Iluminada por la pedagogía del deber cumplido con alegría, favorece el desarrollo de una conciencia crítica que permite actuar por convicción y no por imposición externa. Este valor sustenta la excelencia académica, la rigurosidad en la investigación, el ejercicio profesional responsable y el cumplimiento de la misión educativa desde una perspectiva ética y humanizadora.
Gratitud: Es la expresión de un corazón que reconoce los beneficios recibidos, y que para Don Bosco representa un camino directo a la santidad a través de su célebre máxima: “Dame un joven agradecido y haré de él un santo”. Es la disposición permanente para reconocer los dones recibidos y valorar a quienes hacen posible el crecimiento personal y comunitario. Desde la espiritualidad salesiana fortalece la fraternidad, el reconocimiento mutuo y la construcción de relaciones basadas en el aprecio y la reciprocidad. Su vivencia favorece un clima institucional caracterizado por la confianza, la comunicación asertiva, la convivencia armónica y el fortalecimiento de los vínculos entre estudiantes, familias, educadores y demás integrantes de la comunidad educativa.
Esperanza: se comprende como una apuesta por el futuro que se apoya en la confianza en el ser humano y en las posibilidades de transformarse y transformar el contexto. Se configura como la certeza de que toda persona posee posibilidades de crecimiento y transformación, aun en medio de las dificultades. Inspirada en el optimismo pedagógico de San Juan Bosco, impulsa una mirada positiva sobre la realidad y fortalece la resiliencia, la perseverancia y el compromiso con la construcción de un futuro más justo y humano. Este valor orienta la labor educativa hacia la formación de maestros capaces de generar oportunidades, promover procesos de cambio y asumir la educación como un camino privilegiado para la transformación social.